Costa Navarino, Grecia.
Viajar es un placer exquisito, tal
como subir al tren y disfrutar la vista. Sin duda, una de las
mejores formas de conocer (o reconocer) Europa es por tren, sobre
todo si se trata de la región oriental. Entre una ciudad y otra
podrás disfrutar el paisaje bucólico de las montañas, no siempre
agrestes, de la región. Déjate atrapar por el encanto de este
rincón del mundo, al que la historia moderna no ha tratado tan
bien, pero hoy se erige como un nuevo favorito del turismo
internacional. Inicia tu viaje en la estación de Ljubljana, en
Eslovenia, un encantador edificio que data de 1849, cuando el país
era parte del Imperio Austro-Húngaro. Sube al tren con destino
hacia Budapest, capital de Hungría.
En Budapest encontrarás una urbe
cosmopolita, donde las calles muestran a los visitantes su orgullo
histórico, su carácter tenaz y su potencial vanguardista. Aquí lo
mismo encontrarás las antiguas ruinas romanas de Aquincum que la
Plaza de los Héroes, dedicada a los hombres que forjaron la gloria
de Hungría.En la región son clásicos los baños termales.
Encontrarás muchas opciones para sumergirte en este revitalizante
ritual; no lo dudes ni un segundo.
Tan sólo tres horas separan a
Budapest de tu siguiente destino: Bratislava, en Eslovaquia.
Localizada a orillas del Danubio, los edificios de la ciudad
cuentan el pasado comunista de la región; sin embargo, éste es
también un destino joven que hoy se impone como la segunda área más
próspera de Europa Central y del Este. Con un encanto que asemeja a
Praga, Bratislava ofrece un destinomenos concurrido y más urbano.
Vale la pena explorar los alrededores, donde encontrarás la ruta
del vino de los pequeños Cárpatos y el Castillo de Devin,
construido en 863 DC.
El camino entre Bratislava y Zilina
es montañoso: verde y terracota se mezclan ante tus ojos durante
poco más de dos horas. Al llegar a Zilina pasea por su pequeño y
antiguo centro y relájate antes de subir a tu tren de conexión
hacia Cracovia, en Polonia. Encantadora ciudad llena de cúpulas y
torres de estilo barroco, Cracovia es parte del Patrimonio de la
Humanidad, título que se ha ganado por su belleza milenaria y su
orgullo histórico. Varsovia, capital de Polonia, es tu siguiente
destino. El paisaje es similar a Cracovia, y encontrarás un
parecido indiscutible en sus calles y su estructura; sin embargo,
sobresale el estilo arquitectónico de la posguerra, que da fe de la
destrucción que sufrió esta ciudad durante la Segunda Guerra
Mundial.
Para finalizar tu recorrido aborda
un tren con dirección a Moscú. Será un camino largo, lleno de
vistas impresionantes. Maravíllate con los cambios en el paisaje.
Conforme atravieses Bielorrusia, el escenario se transformará en un
manto nevado, precediendo la belleza que encontrarás en Moscú.